Copa del Mundo 2003: El Mundial de la continuidad y el poderío físico
30/08/2010La Copa del Mundo disputada en Australia tuvo ante todo un sabor especial. El equipo de Inglaterra logró por primera vez en la historia de los mundiales cortar con la hegemonía exhibida por los tres colosos del hemisferio Sur (Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica).
En la final disputada en Sidney, ambos equipos quedaron igualados en catorce puntos al cabo del tiempo reglamentario.
En el suplementario, el equipo de la Rosa impuso su mayor oficio y logró doblegar al representativo australiano con un drop de Jonny Wilkinson en el último minuto de juego.
El apertura inglés se erigió como la figura estelar del torneo. Fue el máximo goleador del certamen con ciento trece puntos. Además, conserva el honor de ser goleador histórico de los Mundiales con doscientos cuarenta y nueve tantos marcados.
Dos fueron las características salientes de la Copa del Mundo disputada en tierras australianas: la continuidad en el juego y el poder físico exhibido por los competidores.
Las estadísticas son elocuentes respecto del crecimiento del juego en materia de continuidad, reflejada en un aumento considerable en la cantidad de pases, en formaciones espontáneas (rucks y mauls) y en tiempo neto de juego.
Ello determinó un juego mucho más dinámico y la concreción de grandes goleadas como la propinada por los campeones del Mundo frente a Namibia por 142 a 0. La mayor diferencia registrada en las historia de los mundiales.
El siguiente cuadro grafica el progreso ininterrumpido en materia de continuidad. Basta con observar como los rucks y mauls se han triplicado en poco más de una década.
» Rucks & Mauls
Copa del Mundo 1991 48
Copa del Mundo 2003 136
» Tiempo real de juego
Copa del Mundo 1991 31 % 24 minutos 48 segundos
Copa del Mundo 2003 42 % 33 minutos 35 segundos
» Cantidad de pases
Copa del Mundo 1995 179
Copa del Mundo 2003 241
Por otra parte, el profesionalismo concibió un prototipo de jugador mucho más fuerte y resistente que el anterior a fin de poder soportar la velocidad del juego y su mayor continuidad.
El cuadro siguiente muestra el increíble crecimiento físico experimentado en el Mundial 2003.
Promedio de altura: 1,85 cm.
Promedio de peso: 99 kg.
Equipo con mayor altura: Australia: 1,88 cm.
Equipo con menor altura: Japón: 1,82 cm.
Equipo más pesado:
Australia 102 Kg.
Nueva Zelanda 102 Kg.
Tonga 102 Kg.
Fiji 102 Kg.
Equipo más liviano: Japón 92 kg
Peso promedio primera línea: 110 Kg.
Peso Promedio segunda línea: 110 kg.
Peso Promedio wing tres cuartos: 92 kg
Final: Inglaterra 20 – Australia 17
Figura: Jonny Wilkinson
Copa del Mundo 1999: Un festejo repetido
11/08/2010El cuarto Mundial de rugby disputado en Gales en 1999, tuvo ante todo una particularidad. Era la primera Copa del Mundo luego de la irrupción del profesionalismo decretado en 1995 con posterioridad al Mundial de Sudáfrica.
Nueva Zelanda, el gran favorito, sucumbió nuevamente ante sus propios fantasmas y ni siquiera una formidable actuación de Lomu pudo evitar la derrota frente a los franceses en semifinales.
Por su parte, Australia se llevó el triunfo frente a Francia, convirtiéndose en el primer país en repetir un festejo mundialista.
Del conjunto que había obtenido la Copa del Mundo en 1991 tomaron parte del equipo de los Wallabies notables jugadores como Tim Horan, John Eales y Jason Little.
Las bases del triunfo de los australianos se construyó a partir de una defensa sólida e infranqueable, que terminaba por abortar cualquier intento ofensivo del oponente.
En seis partidos disputados, el campeón recibió solamente un try (frente a U.S.A en la primera rueda y con suplentes). Asimismo sufrió tan solo 72 puntos en contra.
A partir de una defensa no solo invulnerable sino también recuperadora, el equipo australiano hizo gala de su habitual juego de pases para llevarse con merecimiento el titulo de campeón.
Por estos tiempos, el rugby continuaba con su progreso en materia de continuidad en el juego y desarrollo físico de los protagonistas. Dichas circunstancias se verían nítidamente de manifiesto cuatro años más tarde durante el Mundial 2003.
Detrás del plantel campeón había un líder indiscutido que comandó sabiamente a su equipo hacia el triunfo. La capacidad y sapiencia del entrenador Rod Mc Queen fue determinante para conquistar el nuevo título. Una nueva era comenzaba en materia de cambios y reemplazos de los jugadores durante un partido.
Ahora, se requería de un plantel no solo calificado sino también numeroso. Los suplentes pasaron a cobrar relevancia y consideración en el armado de las tácticas y estrategias para cada partido. Ya no eran jugadores de relleno sino piezas vitales para descomprimir partidos apretados.
Rod Mc Queen sintetizaba el nuevo escenario que se avecinaba en el rugby mundial. Al respecto decía: “los suplentes no son jugadores de descarte, sino jugadores de impacto que ingresan para cumplir roles o funciones determinadas”.
Así, la final del Mundial frente a Francia le dio la razón. El ingreso a la cancha del gigante Owen Finegan en la tercera línea australiana fue el que destrabó un encuentro hasta ese entonces parejo y equilibrado para darle al final una victoria cómoda y merecida.
En el análisis mundialista, Los Pumas merecen una consideración especial. Fue la primera vez que rebasaron la primera rueda después de largos desencantos y luego del heroico triunfo frente al conjunto irlandés por un apretadísimo 28 a 24.
Además, el equipo argentino tuvo el enorme privilegio de contar entre sus filas con el máximo goleador del certamen. Gonzalo Quesada con 102 puntos marcó más tantos que ningún otro y se llevó el Botín de Oro en aquella cita mundialista. Un motivo de orgullo para un equipo que había resurgido de entre las cenizas.
Final: Australia 35 – Francia 12
Figuras: Jonah Lomu – Tim Horan
El Plan de Alto Rendimiento (PLADAR)
21/07/2010Como ninguna otra cuestión en el rugby argentino, la implementación del Plan de Alto Rendimiento (PLADAR) ha despertado pasiones de las más variadas.
La aceptación de los jugadores que integran el PLADAR en el torneo que organiza la Unión de Rugby de Buenos Aires constituye el eje central de un debate que divide aguas entre todos los que de alguna manera están involucrados en este deporte.
Debemos partir de la base que mas allá de opiniones y puntos de vista, a todos nos une la misma pasión por el juego, de manera que aquí no hay enemigos ni conspiradores, pues todos integramos y formamos parte de la gran familia del rugby.
Nadie debe sentirse ofendido ni injuriado por un pensamiento diferente ni por una opinión discordante.
En la búsqueda de soluciones surgirán marchas y contramarchas, discusiones acaloradas y debates pasionales pero que – indefectiblemente – enriquecerán el debate sobre el juego.
Todo ello debe ser bienvenido, siempre que sea acompañado por un marco de humildad, racionalidad, grandeza y respeto mutuo.
En tiempos de tantos cambios y transformaciones como los actuales, nadie debería arrogarse verdades absolutas, ni jactarse de contar con respuestas tajantes ni mucho menos creerse el dueño de la verdad. Es que posiblemente la evolución del juego nos supere y aquello que creíamos como verdad absoluta e irrefutable hoy no lo sea tanto.
Basta con observar la evolución en el rugby argentino para saber que nuestras ideas mutan en forma permanente.
Medidas que parecían antipáticas e inaplicables como la publicidad en las camisetas o – incluso – la televisación de los partidos de rugby, hoy gozan del agrado y simpatía de la mayoría.
Los sabemos, el rugby argentino esta en un proceso de cambio. Un proceso que como tal es sinuoso, difícil y muchas veces traumático.
Toda transición implica “un cambio en el estado de las cosas“, lo cual significa ir de un estadio hacia otro aceptando que existen en ese camino estaciones intermedias que nos conducen hacia el destino final.
Todos coincidimos que el rugby de Buenos Aires conduce y legisla el juego para jugadores amateurs. Por lo tanto, la aceptación definitiva e inapelable de jugadores profesionales en esa competencia iría no solo en contra de su reglamento, sino también de su filosofía y espíritu.
No obstante, debemos tener en claro que estamos siendo protagonistas de un proceso de transición que, en su condición de tal, debería permitir y tolerar situaciones de excepción.
En algunas cuestiones (como el PLADAR), en aras de respetar los momentos de transformación, los dirigentes deben legislar para el aquí y el ahora, sabiendo que – con seguridad – las marchas y contramarchas de todo cambio harán que una ley con utilidad hoy carezca de vigencia mañana.
En tiempos quietud y de calma, las leyes suelen ser duraderas y tener el carácter de definitivas.
Por el contrario, en momentos de cambios y turbulencias, muchas reglas pierden vigencia a la brevedad y, por lo tanto, deben ser reformadas por otras que interpreten mejor los vaivenes que se están produciendo.
Pretender instalar leyes duraderas en tiempos móviles sería como comprarle una remera a un niño de cinco años con la intención de que le dure toda su vida.
Atendiendo a los motivos esgrimidos no debería resultar lesivo que una ley permita la participación de jugadores en el torneo de la URBA.
Esas circunstancias puntuales deberían dar lugar a un régimen de excepción. Un régimen por sobre todo especial y de carácter transitorio, a fin de no vulnerar los principios filosóficos arraigados hace más de un siglo.
Por otra parte, los jugadores – que son el objeto y la razón de todo cuanto rodea al juego – no deberían ser las victimas de las turbulencias que los cambios generan.
Villepreaux decía sabiamente que “la verdad de hoy no será indefectiblemente la verdad de mañana”. Tomar para sí las palabras del notable francés significa actuar en sintonía con estos nuevos tiempos.
Debemos dejar a un lado las medidas extremas y las verdades absolutas pues nos “estamos haciendo camino al andar”.
El rugby, como deporte organizado, tiene hoy una prueba de fuego.
Debemos actuar con firmeza pero siendo prudentes, medidos y sobre todo conciliadores. Estamos cruzando un rio y ya divisamos la otra orilla ¿a quien se le ocurriría pelearse a mitad de camino?…
Copa del Mundo 1995: Un regreso soñado
13/07/2010El Mundial de 1995 tuvo por sobre todo un condimento verdaderamente especial. Sudáfrica hacía su debut en Mundiales luego de haber finalizado el boicot internacional impuesto con motivo del régimen del apartheid (segregación racial).
Ello significaba el ingreso a la competencia de una de las grandes potencias históricas de nuestro deporte.
Por otra parte, hacia su presentación en sociedad un joven alto y robusto, que se erigiría como el jugador más desequilibrante que ha dado la historia de nuestro deporte. Jonah Tali Lomu – de él se trata – debutaba en un Mundial con apenas veinte años de edad recién cumplidos y le demostraba al mundo que un jugador diferente había nacido.
Durante la Copa del Mundo, Lomu se erigió en la figura estelar de la competencia. Marcó en total siete conquistas y fue el máximo tryman del torneo junto con su compatriota Mark Ellis.
Sin embargo, los fríos números de las estadísticas no son a mi juicio suficientes para describir tamaña demostración de superioridad. Su pique corto y velocidad final (traducidos en enorme potencia) adosados a su metro noventa y cinco de altura y ciento quince kilos de peso resultaban ante todo una exageración entre tanto físico humano que rondaba a su alrededor.
Su actuación en semifinales frente a Inglaterra fue sencillamente la mejor producción individual que se recuerde en la historia del rugby.
Aquella vez, Lomu desafió los límites humanos y los trasladó más allá de lo conocido.
El joven Jonah supo poner en ridículo a jugadores de la talla de Will Carling, Rob Andrew, Mike Catt o Tony Underwood, que simplemente fueron meros espectadores ante cada una de sus conquistas.
Tiempo después, Lomu se constituyó en el máximo anotador de tries (15) en la historia de la Copa del Mundo, siendo el mayor anotador en los dos mundiales en los que participó (1995 y1999).
Dueño de un potencial sencillamente único, deslumbró al mundo con su velocidad, potencia y fortaleza.
Si bien imperfectas, hubo en el pasado algunas aproximaciones al potencial del gigante Lomu. El All Black Va`aiga Tuigamala fue un wing corpulento y muy potente, pero que no contaba con la contextura física ni la velocidad de aquel.
El famoso John Kirwan, reconocido por su potencia y fortaleza física, no tenía la potencia de piernas del gran Lomu, por su origen sajón, no contaba con la dureza y agresividad de los maoríes. Eran, al fin y al cabo, figuras mucho más mundanas y terrenales.
El rugby tuvo que esperar 172 años para encontrar la aptitud física en su máxima expresión.
A mi juicio, nunca ha habido ni habrá nadie como él. Pique corto, cambio de paso, hand-off, velocidad y fortaleza física descomunal lo convierten en un asiduo visitante de los ingoals.
Aquel defensor que se animaba a burlar las barreras que imponían su largo andar pleno de explosión y velocidad, se encontraba con un obstáculo mayúsculo. Su excelente hand-off era un arma letal (y dañina) que impedía siquiera acercarse.
Además, aquel que pasara esa barrera infranqueable se encontraba con un panorama aún más desolador. Dos enormes extremidades que lo hacían, no ya difícil de derribar, sino tan solo de detener para así enarbolar un panorama demasiado sombrío.
Si nos abocamos al Mundial, sudafricanos y neozelandeses llegaban a la instancia final por distintos caminos.
Sudáfrica debió batallar duro para doblegar el ímpetu de los franceses hasta finalmente vencerlos por un exiguo 19 a 15.
Por su parte, Nueva Zelanda daba muestras de su poderío y con una actuación superlativa de Lomu vencía fácilmente a los ingleses por 45 a 29.
Las cuatro conquistas de Lomu y sus interminables corridas determinaron una paliza histórica de los All Blacks frente a Inglaterra.
En la final, Sudáfrica y Nueva Zelanda disputaron un encuentro sin tries pero igualmente emotivo. Al cabo del tiempo reglamentario los equipos terminaron igualados en nueve tantos por lo que se debió recurrir a un tiempo extra.
En el suplementario y a falta de siete minutos para el epilogo el apertura Joel Stransky desniveló en favor de los locales con un certero drop decretando el 15-12 definitivo.
Los All Blacks estuvieron en sintonía con su historia mundialista. Golearon a todos los equipos y fueron los responsables de endilgarle a Japón la mayor goleada del Mundial (145 a 17) pero ante situaciones de máxima presión no pudieron encontrar respuestas ni tuvieron la fortaleza anímica necesaria.
Para el ganador no fue solamente un éxito deportivo. Toda una Nación se unió en busca de un objetivo.
Tanto negros como blancos festejaron el título por igual. Un año antes de la realización de la Copa, Nelson Mandela había sido elegido como el primer Presidente negro de Sudáfrica.
El líder pacifista, que había estado preso durante veintiocho años en oposición al régimen del apartheid, entendía que el rugby podía ser un instrumento para unificar el país.
Mandela intentó que la mayoría negra, mucha más propensa a la práctica del fútbol, se identificara con su selección de rugby.Logró que el sentimiento de patriotismo y unidad se posara detrás de un anhelo deportivo.
Los negros, habitualmente indiferentes a los éxitos de los Springboks, se fueron identificando con los triunfos y comenzaron poco a poco a entusiasmarse con cada presentación.
Ya sobre el final de la Copa, Mandela había logrado su cometido. Luego del partido decisivo, blancos y negros festejaron juntos la obtención del Mundial.
Una copa que simbolizó mucho más que un triunfo deportivo, sino por sobre todo el fin del apartheid y el comienzo de una nueva era.
Final: Sudáfrica 15 – Nueva Zelanda 12
Figura: Jonah Lomu
¿Qué es el espíritu del rugby?
29/06/2010Sin temor a equivocarme puedo afirmar que el rugby es ante todo un deporte. Sin embargo, el paso del tiempo en complicidad con el crecimiento y evolución que ha exhibido nuestro juego, le ha agregado algunas facetas adicionales.
En efecto, hoy el rugby no es solo un divertimento, sino también un espectáculo multitudinario y un suculento negocio.
Basta con observar las ganancias económicas que ha deparado el último mundial disputado en Francia para afirmar que el rugby es un producto cada vez más apetecible.
Incluso, podríamos ampliar aún más su campo de acción, porque nuestro querido deporte vuelve a sentir el orgullo de volver a ser una disciplina olímpica. Un eslabón más para un deporte con carácter multifacético.
Pero, más allá de valoraciones y opiniones diversas que se tenga respecto del juego, existe coincidencia de que el rugby es y ha sido siempre una herramienta transformadora.
Es decir, un vehículo inigualable que bien utilizado esta en condiciones de cambiar la vida de la gente.
Ese carácter peculiar por excelencia es el que hace del juego del rugby un deporte absolutamente único.
Ese elemento adicional y distintivo es el que podemos emparentar con “el espíritu del juego”. Y ese espíritu forma parte importante de su esencia, porque el rugby ha estado desde siempre ligado a su costado formativo.
Ya en sus comienzos, fue ideado como instrumento para ordenar y guiar la vida de los jóvenes.
Aquella monumental obra gestada por Thomas Arnold, Director de la Escuela de Rugby, fue concebida como un medio eficaz para formar personas, como un instrumento idóneo para lograr disciplinar a cientos de alumnos ingleses propensos al descontrol y a la falta de límites en aquel entonces.
A través de su espíritu, el rugby logra llegar a su esencia como deporte.
El espíritu del juego lo enaltece y lo eleva por sobre el resto dentro del amplio universo del deporte.
Preservar su espíritu es trascendental, porque esta claro que un rugby huérfano de valores y principios filosóficos no sirve como herramienta transformadora.
El rugby excede lo que significa el juego en sí mismo, porque el rugby es su reglamento pero también su espíritu.
Ese espíritu, que custodiado y transmitido de generación en generación ha logrado mantener su esencia hasta nuestros días y es por ello, una tarea y un compromiso de todos, respetar su filosofía para que siga perdurando a través del tiempo.
Pretender separar lo que hace específicamente al juego, de lo que significa su espíritu, puede conducirnos a una equivocación, porque el espíritu del juego y sus principios fundacionales se forjan a partir de las características particulares que presenta el rugby.
Ambos conceptos están interconectados y no podría entenderse uno sin el otro. Sin espíritu sería imposible jugarlo, y sin sus reglas y caracteres particulares, no se habría forjado ese espíritu para practicarlo.
Si bien resulta difícil precisar y definir la palabra “espíritu”, podría decir, sin temor a equivocarme, que “el espíritu del juego” es la llama que ilumina el camino del rugby.
Es el candelabro que guía nuestro deporte a través del paso del tiempo, o bien una suerte de brújula que conduce a las nuevas generaciones a buen puerto a fin de que no pierdan el rumbo.
En el rugby, el espíritu es la letra no escrita. Es ese código de conducta que no necesita editarse ni publicarse, porque ha sido transmitido por millones de generación en generación a través de los usos y costumbres. No lo podemos ver, pero sabemos que existe y está siempre presente.
En el rugby el espíritu refleja lealtad, corrección y caballerosidad; trasluce hidalguía y grandeza en la victoria, y también corrección y buenos modales en la derrota.
El espíritu del juego es solidaridad, entrega sin límites y compromiso.
Muchos habrán de preguntarse donde se encuentra el espíritu del rugby, y seguramente variadas respuestas se dispararán en forma casi inmediata.
Es posible que algunos, esgrimiendo argumentos convincentes, indiquen que el espíritu del rugby esta solo “en la cancha”, y otros posiblemente dirán que únicamente esta presente durante “El tercer tiempo”.
Sin ánimo de polemizar me atrevo a sugerir que el espíritu del juego está en todos y cada uno de los rincones donde se respira rugby.
Está en la cancha, porque sería imposible practicarlo si no estuviera siempre presente, pero también fuera de ella. Trasciende y sobrepasa los perímetros de un estadio y se muestra custodio de cada recoveco donde se respira Rugby.
En efecto, no se extingue dentro de los perímetros de un estadio, sino que recorre cada lugar donde el rugby es motivo de encuentro: tercer tiempo, vestuarios, reuniones, charlas informales y fiestas de camaradería.
Esta claro que el rugby se ve enriquecido por las enormes diferencias entre sus países miembros.
Más de tres millones de jugadores diseminados en ciento diecisiete países le otorgan al juego una amplitud y una diversidad nunca antes observada.
No obstante, esas diferencias externas en su esencia no son tales.
La talla y fortaleza física de los sudafricanos, la técnica depurada de los australianos, la imprevisibilidad de los franceses, el temperamento y la garra de los argentinos, la pasión de los irlandeses, la vehemencia de los samoanos, la plasticidad de los fijianos, la velocidad de los keniatas o la bravura de los neozelandeses logran sintetizarse y confundirse en un solo hilo conductor: el Espíritu del Juego.
El espíritu no reconoce diferencias ni repara en latitudes, razas o nacionalidades. Es uno solo y equipara a todos haciéndolos absolutamente iguales.
Ese denominador común posibilita que, más allá del dialecto de cada equipo, los jugadores se entiendan y logren hablar “el mismo idioma”.
El espíritu es esa poción mágica de entendimiento, que permite acortar distancias, romper barreras y aunar a toda la familia del rugby en una sola y misma dirección.
Conservar, preservar y respetar ese espíritu es una obra y una tarea de todos y cada uno de nosotros…
Copa del Mundo 1991: El Mundial de la paridad y los bajos scores
16/06/2010Cuatro años más tarde, en 1991, los creadores de este deporte tendrían la responsabilidad y el orgullo de organizar la segunda Copa del Mundo.
El ganador fue la selección de Australia, que venció en el estadio de Twickenham a los anfitriones por 12 a 6 en una final emotiva y disputada.
El encuentro decisivo disputado en la “Catedral del rugby” constituyó un fiel reflejo de las características distintivas de la Copa del Mundo, traducida en paridad entre los equipos y bajos scores.
De los treinta y dos partidos disputados, en tan solo tres encuentros se superaron los cincuenta puntos.
La victorias de Escocia (51-12), Irlanda (55-11) y Japón (52-8) frente a Zimbawe representaron los scores más altos y categóricos en toda la Copa del Mundo. Una verdadera rareza teniendo en cuenta las estadísticas del mundial anterior.
Los All Blacks, reconocidos por sus goleadas históricas tan solo pudieron marcar un máximo de cuarenta y seis puntos en el encuentro frente a USA, correspondiente a la primera rueda.
Las estadísticas son elocuentes y hablan por sí solas.
Comparando los seis mundiales disputados el goleador de la Copa del Mundo 1991 fue el que menos tantos convirtió (68).
Asímismo el tryman fue el que, comparativamente, menos tries conquistó (6).
Además, la final disputada en Twickenham fue en la que menos tantos se marcaron (18).
| Mundial | Goleador | Tryman | Tantos en la Final |
| 1987 | 126 (Fox) | 6 (Kirwan) (Green) | 38 (29-9) |
| 1991 | 68 (Keyes) | 6 (Campese) | 18 (12-6) |
| 1995 | 112 (Lacroix) | 7 (Ellis) | 27 (15-12) |
| 1999 | 102 (Quesada) | 8 (Lomu) | 47 (35-12) |
| 2003 | 113 (Wilkinson | 7 (Howlett) | 37 (30-7) |
| 2007 | 105 (Montgomery) | 8 (Habana) | 21 (15-6) |
El equipo australiano contó con una estructura homogénea y un grupo de grandes jugadores.
El wing David Campese, el medio scrum y Capitán Nick Farr-Jones, el apertura Michael Lynagh, los centros Tim Horan y Jasón Little, el ala Willie Ofahengaue y el segunda línea John Eales, fueron los más destacados en un equipo repleto de estrellas.
Sin embargo, no siempre pudieron imponer su talento individual y destrezas colectivas.
Fue un equipo física y técnicamente dotados detrás de la maquinaria de tácticas y estrategias que siempre exhibe todo equipo australiano.
Ante ese poderío, el equipo insinuó mucho más de lo que realmente exhibió en el campo de juego.
La semifinal contra Nueva Zelanda ganada por 16 a 6 fue la mejor producción del campeón que, lejos de exhibir solidez y regularidad a lo largo del torneo, estuvo varias veces cerca de sucumbir.
Basta con recordar a los entusiastas irlandeses que estuvieron a punto de llevarse la victoria en los cuartos de final del certamen. En ese encuentro, un try de Michael Lynagh en la bandera derecha determinó el milagroso 19 a 18 en la última jugada.
Los campeones marcaron tan solo 126 puntos, los cuales representan mucho menos de la mitad que los que había anotado el último campeón (Nueva Zelanda) con 298 tantos.
Hay un dato también elocuente. Los 126 tantos marcados son idénticos a la cantidad de puntos convertidos por Gran Fox en el Mundial anterior.
Final: Australia 12 – Inglaterra 6
Figura: Tim Horan/David Campese
Copa del Mundo 1987: La confirmación de una supremacía
17/05/2010Para los dueños de casa, el primer mundial de rugby resultó ante todo una confirmación de su poderío.
A las ganancias económicas obtenidas se le agregó una supremacía absoluta en el ámbito deportivo. Lo que se dice, un éxito rotundo por donde se lo mire.
En la primera rueda, los All blacks marcaron 190 puntos y recibieron tan solo 34, dejando en claro la notable superioridad sobre el resto de los países participantes.
Vencieron en su debut al seleccionado italiano por 70 a 6, luego a Fiji 74 a 13 y finalmente a nuestros Pumas por 46 a 15.
Si observamos fríamente los números de esos encuentros tal vez no resulten demasiado relevantes ni llamativos ya que las goleadas de hoy en día muchas veces duplican esas cifras.
Sin embargo, si nos enfocamos en la realidad del juego de hace dos décadas, mucho más estático y posicional, tomaremos conciencia de que significaron sin duda verdaderas palizas.
En ese primer mundial el tiempo neto de juego llegaba apenas a los 24 minutos por partido, es decir que más de la mitad del tiempo la pelota no se encontraba en juego.
En la actualidad, el tiempo real de juego supera los 35 minutos. Por ello, la posibilidad de grandes goleadas en mucho más grande y latente.
Sin demasiados obstáculos los dueños de casa accedieron al cotejo final.
En el partido decisivo disputado en el Eden Park de la Ciudad de Auckland, los anfitriones se llevaron merecidamente la gloria, venciendo con comodidad y holgura al representativo francés por 29 a 9.
El equipo campeón contó con un juego simple pero a la vez contundente y efectivo y no pasó sobresaltos en ningún encuentro.
En un plantel repleto de figuras se destacaron su medio scrum y Capitán David Kirk, el potente wing derecho John Kirwan y su apertura Grant Fox, autor de 126 puntos y máximo goleador del certamen.
El octavo Wayne Shelford y el wing forward Michael Jones también brillaron en un equipo repleto de figuras.
El entrenador fue Alex Wyllie, quien luego sería coach de Los Pumas en el Mundial de Gales 1999.
Nuestros Pumas fueron los responsables de la mayor decepción del certamen. Siendo cabezas de serie apenas ganaron un partido (frente a Italia) y se despidieron prematuramente dejando una imagen desdibujada.
El equipo, que llegaba precedido de interesantes desempeños, auguraba a una campaña más exitosa.
» Final: Nueva Zelanda 29 – Francia: 9
» Figura: John Kirwan
Una mirada distinta del mundo
28/04/2010La vorágine en que estamos inmersos día a día y el poco tiempo que tenemos para reflexionar sobre el mundo que nos rodea, nos impide detenernos por un momento a observar nuestra realidad circundante.
Tal es el constante devenir de nuestra vida que pocas veces reflexionamos con una mirada distinta respecto del mundo. Creemos por ejemplo que todo se acaba en éste mundo sin ponernos a pensar que es ínfimo dentro de la inmensidad que no conocemos, ni tampoco tenemos deseos de conocer.
Te propongo tratar de ver al mundo (a nuestro planeta en realidad) desde una mirada distinta, desde otra perspectiva muy diferente a la habitual.
En primer lugar es bueno saber ciertamente quienes somos. Nuestro hogar, La Tierra, es un pequeño planeta dentro del Sistema Solar. Ese sistema solar tiene como núcleo o centro al Sol, pero está integrado por muchos cuerpos sólidos (planetas, satélites, asteroides, estrellas fugaces, cometas) y por materia interestelar.
El sol es una estrella mediana dentro de nuestra galaxia La vía Láctea.
No obstante, nuestro Sol es ínfimo al lado de otras grandes estrellas de nuestra galaxia.
La estrella más luminosa de la vía Láctea llamada Pistol es 10 millones de veces más brillante que el sol y en pocos segundos emite la misma energía que el sol en un año. Vale recordar que nuestro sol emite en un segundo más energía de la que ha consumido la humanidad en toda su historia. A su vez, la estrella Betelgeuse por ejemplo, una gran gigante roja de la constelación de Orión tiene 800 veces el diámetro del Sol y es 10.000 veces más brillante. La estrella Rigel, por caso, tiene 50 veces la masa del sol y es 50.000 veces más luminosa.
El Sol es una estrella dentro de las 200.000 millones de estrellas que integran nuestra galaxia la Vía Láctea. Asimismo, se calcula que existen en el universo más de 150.000 millones de galaxias.
Tomemos noción por un instante de la inmensidad del espacio. La luz viaja a 300.000 Km por segundo. En consecuencia, la luz tarda 1,2 segundos para llegar a la luna; A su vez, la luz demora 8 minutos para llegar al Sol que esta distante unos 150 millones de kilómetros. (Esa distancia se la llama unidad astronómica). La luz demora 4 horas para llegar a Neptuno; 5 horas para llegar a Plutón; 4 años para llegar a la estrella más próxima (Alfa Centauri); 168.000 años para llegar a la galaxia más próxima (Nube de Magallanes) y 2.500.000 años para llegar a la galaxia de Andrómeda.
La estrella más próxima está ubicada a 264.000 unidades astronómicas de la tierra, si consideramos que un año luz de distancia equivalen a 63.000 veces la distancia entre la tierra y el Sol.
La nave Apolo tardó 3 días en llegar a la luna, pero tardaría 850.000 años para alcanzar la estrella más cercana.
En suma, estamos frente a un universo ciertamente infinito compuesto por 150.000 millones de galaxias. Una de ellas, la Vía Láctea está integrada por aproximadamente 200.000 millones de estrellas entre las cuales se encuentra el Sol.
Dentro de nuestro sistema solar, la tierra es un pequeño planeta rocoso distante a unos 150 millones de km del Sol.
Siempre decimos que El sol sale todos los días; que aparece por el este y se oculta por el oeste. Pero, a decir verdad, el Sol siempre está y somos nosotros (como planeta tierra) que aparecemos y desaparecemos todos los días de su mirada inflexible, producto del movimiento de rotación a que estamos sometidos.
¿Alguien se preguntó alguna vez por que hace frío en los polos y calor en el ecuador? ¿por qué los días son cortos en invierno y más largos en verano? Es por el eje de rotación de la tierra que no es recto sino oblicuo, lo que produce que el Sol se proyecte de manera más frontal y directa sobre un hemisferio en detrimento del otro.
Ahora bien, tenes conciencia del viaje que estas realizando ahora mismo por el espacio?
Es interesante que sepan que La Tierra, El Sol y el resto de nuestro sistema solar está girando alrededor del centro de la vía Láctea, nuestra galaxia a más de 800.000 Km. por hora.
Creo que no has tomado conciencia, que producto del movimiento de traslación de la tierra alrededor del Sol, en este mismo instante estas viajando por el espacio (a través de su órbita) a más de 103.000 Km. por hora, porque esa es la velocidad de la tierra en su órbita alrededor del sol.
Recuerden que la tierra demora 365 días para dar una vuelta entera a esa orbita.
Por ello no debe sorprenderlos que seis meses atrás vos hayas estado a millones de km de distancia de donde estás hoy ¿o acaso crees que siempre estás en el mismo lugar?
A su vez, gracias al movimiento de rotación de la tierra sobre su propio eje vos estas girando junto con la Tierra a una velocidad aproximada de 1.600 Km. por hora, a fin de poder completar el giro en poco menos de 24 hs.
En nuestra creencia popular siempre creemos que las estrellas están en el mismo lugar y no nos damos cuenta ni percibimos por nuestra escasa capacidad de observación que las estrellas se mueven tanto como nosotros.
¿Porque no nos damos cuenta que giramos? Por la sencilla razón de que junto con La Tierra todo gira con ella.
Vos sabes que la Tierra es redonda, pero ¿Porque no te caes? ¿Por qué no lo percibís? Al igual que todo cuerpo pesado, somos atraídos hacia abajo, hacia el centro de la tierra.
Si miramos al horizonte vemos que el paisaje va desapareciendo. Ello se debe a la forma redonda de la tierra. Si pudiéramos poner una vara de metal en línea recta sobre un suelo plano, podríamos advertir que por cada kilómetro, hay una curvatura en la tierra de 12,5 cm.
Además, pensamos que el Sol estuvo, está y estará por siempre. Sin embargo, El Sol es una estrella que nació hace 4.600 millones de años. Hoy está comenzando su etapa de envejecimiento que la convertirá en una enana blanca en apenas 5.000 millones de años más. En rigor, su vida útil es de aproximadamente 10.000 millones de años.
Alguna vez se han preguntado porque la semana tiene siete días? Fue un invento de los babilonios para honrar a los siete planetas existentes en esa época. Recuerden que sin telescopio era imposible divisar planetas más allá de Saturno.
Lunes (la luna), martes (Marte), miércoles (mercurio), jueves (Júpiter), viernes (venus), sábado (saturno), domingo – sunday en ingles – (el sol) eran los planetas conocidos en esa época.
Se han preguntado a que se debe el año bisiesto? A que la rotación de la tierra alrededor del Sol demora 365 y ¼ de día. Por ello cada cuatro años se corrige ese desfasaje. De lo contrario, al cabo de unos cientos de años terminaríamos festejando año nuevo en pleno invierno.
La luna, ese satélite que siempre observamos ¿Porque siempre nos muestra la misma cara? ¿Que incidencia tiene por ejemplo en las mareas? Resulta sumamente interesante saber la atracción gravitatoria que un cuerpo sólido como la Luna ejerce sobre la tierra determina el estado de las mareas.
Cuando la Luna está llena esa atracción sobre la Tierra es mayor, y por ello La Tierra deja su forma redondeada y se estira. A su vez, un cuerpo menos sólido como el agua queda atraído (y absorbido) por La Luna produciendo marea baja.
Pero, así como la luna ejerce atracción gravitatoria, la tierra también ejerce atracción sobre ella. Así, en virtud de esa atracción el movimiento de rotación de La Luna sobre su propio eje y el de traslación alrededor de La Tierra demora lo mismo. Gracias a esa misma circunstancia siempre observamos la misma cara de la Luna.
Ahora aterricemos y volvamos a nuestro mundo cotidiano. La realidad nos llama, me tengo que ir a trabajar…
El rugby y los juegos olímpicos
14/04/2010En sus comienzos el rugby ha estado íntimamente ligado a los Juegos Olímpicos modernos.
Ello se debió a que el Barón de Coubertin, quien fuera el impulsor del Movimiento Olímpico moderno, ha sido desde siempre un gran admirador del rugby. Admiraba su ética y las habilidades físicas y mentales necesarias para practicarlo. El rugby fue el deporte que jugó, arbitró y promocionó durante mucho tiempo más que ningún otro.
Gracias a sus conocimientos, fue merecedor de un gran honor. Sus colegas lo designaron para dirigir la primera final del campeonato francés disputada en 1892 entre el Racing Club de Paris y el Stade Français.
Con su sola presencia, el rugby tuvo asegurada su participación en las primeras ediciones de los Juegos Olímpicos al comienzo del Siglo XX.
Junto con el fútbol, se convirtieron en los dos primeros deportes por equipos en formar parte del acontecimiento olímpico, con la salvedad de que el hoy deporte más popular del mundo lo hizo solo como deporte de exhibición.
Así, el rugby se aseguró su participación en cuatro citas olímpicas: En 1900, 1908, 1920 y 1924.
» Paris 1900
En los segundos Juegos Olímpicos modernos (el primero fue en Atenas 1896) el rugby tuvo su primera aparición.
Junto con el fútbol comparten el privilegio de ser los primeros deportes de conjunto en participar en un juego olímpico.
No obstante tamaño privilegio, sólo tomaron parte de la competencia tres países. Ellos eran Gran Bretaña, Francia y Alemania.
Un dato que no debe ignorarse es que si bien los países estaban representados, los conjuntos participantes no eran seleccionados nacionales, sino que la elección recaló en algún club de sus ligas locales.
Así, Alemania estuvo representado por el club Eintracht Frankfurt, Gran Bretaña por Moseley Wanderes y Francia por un tradicional club parisino: el Stade Français.
En aquella primera edición, el equipo de Francia se quedó con la presea dorada, al derrotar a sus dos rivales.
Por su parte, la medalla plateada correspondió a Alemania, dejando a Gran Bretaña en el último lugar, con el bronce.
» Londres 1908
La segunda presentación del rugby en los Juegos Olímpicos seguiría la misma línea e impronta del comienzo: poco interés traducido en poquísimos participantes.
Esta vez fueron tan solo dos conjuntos los que tomaron parte de la competición, por lo que un solo partido bastó para adjudicar la medalla dorada.
El equipo de Australia, que por aquella época estaba realizando una gira por el Reino Unido, superó al representativo británico por 32 a 3 y se llevó la presea dorada para su tierra.
El poco entusiasmo que despertaba el rugby y el obligado descanso a causa de la primera Guerra Mundial, llevó al Comité organizador de las Olimpiadas a prescindir del rugby durante un tiempo.
En efecto, la escasez de equipos, que esta altura ya era un mal recurrente, produjo la desaparición del rugby en el programa olímpico después de Londres, para retornar recién en Amberes 1920.
» Amberes 1920
Las experiencias negativas del rugby en los Juegos Olímpicos justificó el párate de nuestro deporte.
Por ello, recién en los Juegos Olímpicos de Amberes 1920 el rugby volvió al ruedo dentro de la cita olímpica.
Sin embargo, en Bélgica todo fue tan chato y mediocre como de costumbre.
Se aguardaba la participación de al menos cuatro equipos, pero con la deserción de Rumania y Checoslovaquia a último momento el número de inscriptos fue pobrísimo. Tan solo Estados Unidos y Francia fueron los únicos equipos que participaron.
El equipo francés era el gran candidato, en especial porque ocho de sus jugadores habían tomado parte del torneo de las Cinco Naciones, el certamen más importante del mundo en esa época.
Los norteamericanos, eran tan solo un conjunto de universitarios que como antecedente más relevante contaban con una exitosa gira por Canadá un año atrás.
En el único partido disputado, el equipo yanqui echó por tierra todos los pronósticos y logró superar a los galos por un exiguo 8 a 0, para quedarse con la gloria olímpica en su primera participación.
» Paris 1924
Los Juegos Olímpicos de 1924, se realizaron nuevamente en la Ciudad de París.
En esta oportunidad el rugby seguiría la misma senda del pasado. Tan solo tres equipos tomaron parte de la competición: Francia, Estados Unidos y Rumania.
Tras superar sin mayores sobresaltos al Seleccionado rumano, Francia y Estados Unidos se volverían a enfrentar en la final del torneo como una suerte de revancha de lo ocurrido cuatro años atrás en la Ciudad de Amberes, Bélgica.
El choque decisivo estuvo precedido por un clima tremendamente enrarecido por una serie de acontecimientos acaecidos en los días previos.
A todo ello, un artículo de un diario de circulación parisina (el París City Counselo) había creado suspicacias y ponía en duda la condición de “amateurs” de los jugadores norteamericanos.
A todo ello, debían sumarse otros acontecimientos reprochables.
Los jugadores de USA eran abucheados en las calles de Paris cada vez que los reconocían.
Como corolario, un hecho alteró la convivencia de los visitantes. Durante una sesión de entrenamiento los jugadores sufrieron la sustracción de ropa deportiva y otros valores.
El día 18 de Mayo de 1924, ante una atmósfera pesada y tensa, se llevó a cabo la final olímpica en el estadio Colombes, de la Ciudad de Paris.
Ante más de 35.000 entusiastas franceses, los norteamericanos sorprendieron a los dueños de casa y se llevaron la victoria por 17 a 3 en un partido muy duro y friccionado.
Los vencedores anotaron cinco tries y aplicaron una defensa exitosa a los locales que solo pudieron vulnerar el ingoal una sola vez, teniendo que conformarse otra vez con la medalla de plata.
Sin saberlo, los protagonistas serían testigos privilegiados del último encuentro de la historia del campeonato olímpico de rugby. El encuentro, duro y disputado, terminó luego en escándalo.
Una vez finalizado el partido, los espectadores arrojaron piedras, botellas y toda clase objetos contundentes a los jugadores norteamericanos que se retiraban del estadio.
Incluso el jugador norteamericano Gideon Nelson fue agredido por un simpatizante francés, dando comienzo una batalla campal que dejó como saldo varios heridos leves.
Como corolario de tanta locura y sinrazón, en el momento de la premiación, el público francés se burló del himno estadounidense.
El entrenador como educador
22/03/2010El entrenador tiene una labor multifacética y de lo más variada, abarcando tareas relativas al juego, pero también aspectos que hacen al jugador no ya como atleta sino como persona, integrante de una sociedad.
Como formadores de opinión, la faz educadora llevada a cabo por el entrenador implica una enorme responsabilidad.
Como consecuencia del cargo que ostenta, el entrenador es un auténtico formador de opiniones y ejerce una influencia muchas veces decisiva en sus jugadores, respecto de actos y conductas que exceden al deporte mismo.
Esa influencia educativa es muy grande y se transmite con su ejemplo personal, sus conductas y relaciones con quienes lo rodean. Es por esto que deben ser muy exigentes con ellos mismos.
En razón de lo antedicho, en todo entrenador deberán estar presentes elevadas cualidades morales: honradez, espíritu de justicia, capacidad organizativa, firmeza de principios y persistencia, además de paciencia, sensibilidad y tacto.
En aras de cumplir su faceta educadora, el entrenador debe darle un enfoque educativo a la práctica deportiva.
Esto implica darle una educación deportiva. Con ello, el entrenador estará en condiciones de aportar a sus jugadores una formación íntegra, es decir comprensiva de valores intelectuales, sociales y morales.
La educación deportiva incluye todos aquellos elementos que hacen una formación completa de los sujetos que se encuentran vinculados al deporte.
En la educación deportiva se encuentran todos aquellos aspectos que hacen que los deportistas tengan una formación que va más allá de la simple práctica.
Si para participar en el deporte – y en el rugby en particular – es necesario un compromiso ético, parece necesario que exista una educación deportiva.
Se debe apuntar e intentar una práctica deportiva que suponga una apreciación positiva y sostenida para la mejora del sujeto, tanto individual como colectivamente.
A su vez, la educación deportiva implica un respeto por la práctica del deporte con beneficio para las personas que lo ejercen o practican.
Los jugadores manifiestan distintas conductas cuando el medio (el club) y las circunstancias en las que está inmerso son distintas.
Si la educación deportiva se presenta con énfasis en la trasgresión permanente, en el no respeto y apego a las normas, entonces las personas se manifestarán de igual forma en la sociedad.
Lo mismo podemos decir si los jugadores son empapados de otras conductas (disciplina, respeto, puntualidad, etcétera).
Si un jugador crece y se desarrolla bajo determinados valores (ya sea éticos como sociales) es probable que esos valores sean trasladados y aplicados por el jugador en su vida diaria.
En igual sentido, si lo que reciben son desvalores, entonces la sociedad recibirá individuos empapados de esos defectos en la vida social. Ello se debe a que las situaciones deportivas y el marco en que se desarrollan son trasladas muchas veces a la vida diaria.
Entre las manifestaciones en las que se desarrolla el deporte, el respeto aparece como una de las más significativas.
No es sólo el respeto a las reglas de juego, sino que es prioritario el respeto por uno mismo y por los demás.
Si hubiera un elemento, factor o característica fundamental de la educación, ése debería ser la ética. No se puede entender una educación que no tenga como punto de referencia la educación en valores de las personas.
Los principios sociales, los principios de desarrollo individual y social, se encuentran por encima y rodean a cuantos aspectos queramos plantear para enseñar el deporte.
En el caso de su enseñanza, nos valemos del mismo para conseguir esos ideales, los cuales son una representación y reflejo de nuestra sociedad, pero también de la humanidad tal y como deseamos que sea.
Llegados a este punto, tendríamos que asegurar que la educación deportiva implica tomar partido por un conjunto de elementos éticos.
El deporte, cuando es utilizado como una práctica humana, es en sí una forma de educación moral y ayuda a la educación moral de la persona.
Quizás sea en el deporte colectivo donde se pueda comprobar con más amplitud, la repercusión de las reglas y el respeto por las mismas.
El respeto al reglamento, condición indispensable en todo juego, puede suponer una transferencia de la ética deportiva a la vida real.
La educación deportiva es una faceta importante a tener en cuenta a la hora de actuar.
» Formación integral:
Valores sociales: respeto, puntualidad, cumplimiento de reglas y normas, disciplina.
Valores morales: desarrollo de la ética.
Valores intelectuales: inteligencia, capacidad, discernimiento.
La educación no es patrimonio exclusivo de la escuela o el hogar.
En ese sentido, los clubes, a través de sus entrenadores y coaches, tienen una responsabilidad formativa en los individuos.
El deporte es una construcción social, en la medida que sea utilizada como herramienta para educar a los jugadores desde la ética.
El ser humano es capaz de crear herramientas (en este caso el deporte) para producir cambios en sí mismos y en sus condiciones sociales.
Dotar a los jugadores no sólo de habilidades motrices, psíquicas, técnicas o tácticas, sino también de habilidades afectivas y sociales es darle una construcción íntegra y plena a la persona.
Como entrenadores, contamos, desde el deporte, con una herramienta valiosa, que bien utilizada produce beneficios no solo a nuestro club, sino a la sociedad toda.
Formar personas íntegras debe ser el objetivo trazado, ya que de esa manera contribuiremos en gran medida a enriquecer y engrandecer a la sociedad en la todos vivimos…


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